29 de noviembre de 2010

no hace falta leer libros...

ni ver películas.

Esta semana en el periódico, como siempre en las páginas interiores que es donde las cosas pasan desapercibidas, me he encontrado con una historia tejida para guión de película.
Película de James Bond, o película denuncia al estilo el jardinero fiel.
La historia tiene una malvada corporación de por medio: netcare
Un escenario exótico a la par que misterioso: Sudafrica
Un villano, procedente de un país poco querido: Ilan Neri, israelí.
Y un tema alimentado más por leyendas urbanas que por noticias de verdad: el tráfico de órganos.

Me quedo con dos detalles: la horrible prodesión de Ilan Neri, broker/trader de órganos. Y el hecho de que en un inicio les ofrecieran a los donantes 15000 euros para luego darse cuenta de que con un tercio se conformaban.

Como alguien acaba de traficante de órganos cuando a lo mejoer quería ser payaso de niño.

Esta noticia, como ya he dicho más arriba, descubre que el tema del tráfico de órganos es real. Que no pasa de casos aislados, leyendas urbanas o algún reportaje de cámara ocula con cierto tufo sensacionalista.

Esto es mucho más real.
Y la historia, a parte de tener todo lo mencionado tiene un epílogo: a pesar de desarticular la trama, sospechan que todo ya debe estar organizado en China para continuar con el negocio.

17 de noviembre de 2010

la alfombra

me la regaló mi madre hace ya 33 años.
Aunque realmente no me la dio hasta que pensó que yo era un hombrecito responsable que al menos no la rompería a las primeras de cambio.
Hasta ese momento, ella la cuidó con todo su cariño para que no se manchara, no se arrugara y no perdiera el color.
Pero hubo un momento que se tuvo que desentender de ella. La alfombra era ya mi responsabilidad.
Y claro, pasó lo que tenía que pasar. Que la manché. Ya no recuerdó con qué, pero sí recuerdo como me sentí de mal al verla profanada. Peor que cuando se murío mi primer hamster o mi mejor amigo se fue del barrio.
En el poco tiempo que hacía que la tenía, toda para mi, algo se me cayó encima que la dejó perdida. Y la amargura me duró mucho tiempo.
Por supuesto, mi madre me dio los mejores consejos para limpiarla y me ayudó en todo lo que pudo. Pero no hubo manera de dejarla como nueva, algo de la mancha quedó.

Ahora la miro, y apenas se aprecia, pero yo sé que la mancha está ahí.

Me prometí que no volvería a pasar. Incluso durante un tiempo la tuve en una bolsa de plástico encerrada en un armario.
Y como era de esperar, un día me cansé de tener la alfombra guardada. Además que ya mis amigos me decían que no fuera tonto, que esa mancha no se notaba.
Por supuesto, al principio tenía cuidado haste de no pisarla, con apenas mirarla, pero me fui encontrando cómodo.

Un día de febrero como otro cualquiera, haciendo el bobo con unas velas, se me prendió fuego. Estaba en mi casa, de pura casualidad, un amigo. Que me ayudó como pudo a apagarla. Toda la cerveza de la nevera tuvimos que usar para apagarla. Luego pensamos que porqué no habíamos usado agua?
Y esa vez no sólo tuve que limpiar. Tuve que coser los destrozos con hilos de otro color. Porque de los originales ya no había disponibles.
Es más, el trozo quemado resaltaba más aún al lado de la primera mancha.
Aunque así, con una parte negra, tenía mejor pinta. Que no es una pieza de museo si no la alfombra de alguien que tiene una vida. Y la tiene en su casa.

Pues bien, con quemadura, con mancha de vino (escribiendo esto he recordado que la primera mancha era de vino) y con todo el polvo del mundo, el otro día, además, le hice un enganchón.
Podría parecer un enganchón tonto, que no se debería notar entre una cosa y otra.
Con tantos años se podría también pensar que la alfombra tiene otros enganchones. Y los tiene, pero no como este.
Es molesto, porqué no puedo dejar de mirarlo. A veces no veo otra cosa más que ese hilo suelto. Incluso hay momentos en que juego con él y lo hago más grande. Sé que si no paro no lo voy a poder arreglar, pero es que mientras tanto tampoco sé como arreglarlo.

Y aunque no es un trozo quemado o descosido, que incluso ya la da cierto encanto, es algo que hace que ahora mismo no me guste nada mi alfombra.
Espero que mi madre sepa coser.

14 de noviembre de 2010

The michelin Wars (IV)

En todo esto tiempo sin noticias, han seguido las escaramuzas. La guerra abierta hace tiempo que ha sido ganada por los michelines.
Mi fuerza de voluntad, derrotada en casi todos los frentes, se contenta con asegurarse unos mínimos, que es que no me revienten los botones de la camisa o me pueda seguir poniendo cinturon.
Ha quedado claro en todo este tiempo de empachos, comilonas, quedadas inesperadas a tomar cerveza, que mis amigos no son tales, sino ellos, mis michelines, disfrazados. Que me enciarran en bares, me llevan a restaurantes de menús imposibles y me tientan continuamente.
El último golpe: han poseído a mi monitor de gimansio, que en un descuído me dijo: "no, tu así estás bien. No pierdas ese rollito de la cintura que va con tus ojos".
Pero seré fuerte, ahora que llegan las navidades, tiempo de demostrar que sí, que YO PUEDO!!!
El verano está lejos, pero el objetivo está claro.

6 de noviembre de 2010

un momento de cine...

"Algunos dirán que lo hizo para ganarse el favor de los celadores, o para ganarse amigos entre los presos. Pero yo creo que lo hizo para sentirse normal, aunque fuese solo por un momento"

Cadena Perpetua

2 de noviembre de 2010

Cambio de plano

De Bucay, Jorge Bucay, me he quedado con alguna cosa. A decir verdad, con dos.
El resto, pues siemplemente no me ha calado o no me lo he creído o no me sirve.
Una de las ídeas, conceptos (llamémoslo X) se me ha metido poquito a poquito en la cabeza y ahora es como es como una luz parpadeante, como de emergencia, a la que no puedo dejar de hacer caso.
Hablo del cambio de plano.

No sé porqué pero últimamente me estaba invadiendo la sensación de estar atrapado en algo. No era una sensación claustrofóbica. Era una sensación de conformismo e inmobilismo.
Y, dándole vueltas, y con alguna ayuda involuntaria externa, me he dado cuenta que simplemente he alcanzado unas metas y estoy contento, y mucho, del punto en el que se encuentra mi vida. Con un pero.

He reído, he sufrido, he triunfado en mi trabajo, y también fracasado. He ganado amigos increíbles e inesperados y he perdido algunos que consideré eternos.
Y ahora, me da la sensación que sólo me queda ver como esto se repite una y otra vez. Puesto que además, el tiempo nos da herramientas pada afrontar todo esto, no para hacerlo más fácil, pero sí para encontrar los atajos.

Pues bien, creo, o estoy convencido para ser más exactos, que toca un "cambio de plano". Creo que toca lanzarse a la piscina. Y tal vez haya que cambiar el escenario de juego, el plano en el que me muevo.

Seré capaz?