29 de febrero de 2016

Crónica de una excedencia excelente (II) - Correr

Tras la lectura de un articulo revelador, sobre gente que quiere cambiar de sector, me pongo a rehacer mi curriculum (aquí el artículo)
He necesitado dos días de reflexión buscando qué habilidades tengo que pueda exportar a otro séctor. Ahora me peleo con el cómo contarás, resaltarlas, hacerlas valer.

Dos días porque yo no me siento delante de un café a pensar. Necesito estar en movimiento: cocinar, andar, nadar, escribir, y sobre todo CORRER.

Algo que quería hacer durante este tiempo de excedencia era recuperar la forma que perdí, también la que no tuve nunca. Afrontar carreras más largas, por montañas cada vez más altas en lugares cada vez más lejanos.

Lo que he conseguido por hacer las cosas forzando esta máquina mal engrasada, han sido un par de lumbalgias casi seguidas. Y ya de paso, una pasaporte al desconocido mundo del pilates. Si con el pilates puedo correr mejor y más tiempo, bienvenido sea.

El mundo de las carreras por montaña lo descubrí sin querer, cuando me topé con un video de un tal Killian Jornet. Una bestia de la naturaleza, a la altura (o tal vez más) del mejor Indurain o de un Lance Amstrong dopado. Era poesía en movimiento, en un entorno en el que no se me hubiera podido ocurrir que la gente pudiera correr.



Ahora hay una fiebre por este tipo de carreras. Algunos nos limitamos a participar, disfrutar, terminar y no lesionarnos. Puedo asegurar que disfruto mucho.

Necesito volver a calzarme las zapatillas, volver a pisar la hierba, el barro, las piedras, en la Casa de Campo de madrid, en algún parque (llevándome de recuerdo el regalo de algún perro en forma de...).

Mientras, aunque Killian, sin querer, me descubrió este mundillo, es Marco Olmo quien me inspira, y a cuya sombra espero poder imitar. dentro de mucho, mucho.



Va siendo hora de volver a poner patas arriba un CV que hacé dos años pensé que estaba listo e impecable.

Aunque parezca mentira, también es útil pensar en correr.

22 de febrero de 2016

Crónica de una excedencia excelente (I) - prólogo

Después de pasar unos días navengando sin rumbo, leyendo blogs más o menos almibarados sobre personas que han dado giros a sus vidas (giros más o menos valientes, más o menos acertados) me doy cuenta que no necesito leer la experiencia de nadie.
Necesito contarme la mía.
Abierta y públicamente, como lanzando mi mensaje al mar encerrado en una botella, a la espera de que alguien la lea y la comparta, la critique, la comente. O no.
Retomo este blog ababdonado desde hace dos años. Al cual vuelvo cuando tengo la pulsión de escribir, que normalmente se aplaca y extingue muy rápido.

...
No sé bien poner una fecha de comienzo a todo. Hay mucha niebla y ruido en mis recuerdos. Cuanto más exprimo mi memoria más atrás me remonto.
Hace algo más de tres años invertí mi tiempo en unas fantásticas sesiones de coaching, con ella aprendí mucho, sobre todo de mí mismo.
Si me esfuerzo un poco más, creo que fue en el momento que me apunté a un curso de cooperación y desarrollo. Un año antes. Un curso sencillo, pero que llenó mucho, por un tiempo y abrió mi mente un poco más.
...
Lo que si tengo claro, fue un cambio que se produjo en mi trabajo. Un cambio de jefatura, empujado por una nueva idea de gestión: anticuada y desfasada, acompañada del conformismo generalizado y de una atmósfera de ës lo que hay". Aborrecía ir a la oficina. Figí estar enfermo más o menos a menudo, cuando en diez años no había cogido más que una baja, por varicela (!!). Empecé a buscar el enfrentamiento abierdo con mis jefes sin importar las consecuencias. Y a despreciar determinadas actitudes.
...
Así que me fui.
Me largue.
Me piré.
Aunque no me di el gustazo de decir lo que pensaba. Mejor pedir una excedencia por un par de años. Nunca se sabe.
...
Si soy sincero, y por primera vez lo pongo por escrito. Espero no tener que volver.
Ahora, voy a ver si descubro a dónde voy, a dónde quiero ir, y para que.
Porque en el fondo ya he cambiado.