No habiendo sido declarada la guerra oficialmente (eso siempre se hace los lunes), los michelines, a sabiendas de lo que se les venía encima, atacaron anoche.
Fue un golpe, rápido y certero en forma de cine con palomitas y litro de cocacola.
Más aún, con el aturdimiento del golpe, aprovecharon para intentar zanjar la contienda de un plumazo: visita al Burger King tras el cine.
No contaban con el contraataque de esta mañana en forma de salida temprana a correr... 12 kilómetros.
Sé que siempre podré contar con la ayuda de mis piernas en esta lucha.
Esto deja por ahora, las primeras escaramuzas en tablas... pero las espadas están bien bien en lo alto.
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