que todo, o casi todo, se arreglaría durmiendo. Tal vez tres días seguidos no, pero sí unas buenas horas, o un día entero.
Recuperar la frescura mental, los reflejos, la engergía, la chispa.
Pero también sabía que si dormía soñaría... y era a los sueños a lo que tenía miedo.
A los sueños no se les puede engañar. De tus sueños no te puedes esconder.
Pero tenía que dormir...
Algún día.
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