17 de agosto de 2010

el lo sabía...

que todo, o casi todo, se arreglaría durmiendo. Tal vez tres días seguidos no, pero sí unas buenas horas, o un día entero.
Recuperar la frescura mental, los reflejos, la engergía, la chispa.

Pero también sabía que si dormía soñaría... y era a los sueños a lo que tenía miedo.

A los sueños no se les puede engañar. De tus sueños no te puedes esconder.

Pero tenía que dormir...

Algún día.

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