Parece que no aprendo la lección: otra vez me toca enfrentarme a lo desconocido. Han pasado días desde que pasé página y puedo decir que he sido feliz, lo he tenido TODO, y ahora, no sé si lo que me depara el futuro será igual, si podrá llenar este vacío. Y lo peor es que esta no es la primera vez, pero es que estas últimas semanas me han tenido completamente atrapado como a un adolescente primerizo pensando que iba a ser para siempre. No puedo decir que el final me pillara de improviso, pero…
Ahora, delante de las estanterías de novela de bolsillo recorro los títulos de uno y otro libro. Todos me dejan vacío. Peor aún, todos me recuerdan todo lo bueno que me dio mi último libro y que tal vez ningún otro me lo dará. No sé qué llenará el hueco dejado por "El Médico".
3 comentarios:
Está muy chulo el relato, jo...cachis, no te tenía que haber dicho nada!!! ;-)
...abro los ojos, aunque sólo el que no está apoyado en la almohada es capaz de percibir algo. La luz entra por la ventana y me alegro de que todavía me encuentre en la cama. Veo restos de salitre en mi brazo y cuento los años que han pasado desde la última vez que mi piel mostraba un color tan oscuro, por un momento pienso en el chiquillo que se pasaba los días corriendo entre las escolleras del muelle. Resuelvo ducharme aunque la batalla por despegar mi piel de las sábanas es más ardua de lo que esperaba, cuando me incorporo, los últimos días y noches de mi vida estallan dentro de mi cabeza. “Ya no eres tan joven” me repito en voz alta, creyendo que si lo oigo me convenceré de lo cierto que es, demasiadas noches sin dormir, demasiada gente conocida, demasiadas copas, demasiados gritos, demasiado poco control. Arrastro lo que queda de mi persona en dirección al baño, por el camino me paro a tomar aliento y aprovecho para sintonizar algo decente en el aparato de radio, hay una emisora de clásicos que no está del todo mal, no sé cuanto tiempo ha de pasar para que estos grupos sean calificados de clásicos, vi a muchos de ellos en sus conciertos antes de que muriesen. Odio la música de hoy en día, yo crecí con música de verdad, después apareció el reguetón y se jodió todo. Tomo de la estantería una taza de café, no sé cuanto tiempo puede llevar ahí, no me importa, lo único malo es que estará frío. Bebo. Mala idea, hubiese preferido echarme a la boca un puñado de colillas, casi es probable que lo haya hecho. Escupo dentro de la taza y vuelvo a dejarla en su sitio original entre Leviatán de Auster y un ejemplar raído de Harry Potter.
Jo
anonimo, que bueno. Todas las palbras, TAN BIEN ELEGIDAS!!!! impecable... lo del puñado de colillas... asqueroso ;-)
Publicar un comentario