el premio nobel de la paz no cayó en manos de la fundación Vicente Ferrer.
Cayó en manos de un disidente chino, condenado a once años por imprimir un pequeño panfleto prodemócratico.
Y la verdad, es que me parece mejor y más acertado este galardonado que la fundación.
Esta fundación va a seguir adelante con fu maravillosa labor, ya cuenta con el reconocimiento internacional y el premio en metálico podría venir bien, pero ya tienen el apoyo de muchos colaboradores y donantes.
Sin embargo, el premio a esta persona, hasta ayer anónimo, sirve de aliciente, de acicate para otros que puedan estar dudando de dar el paso de luchar contra la opresión.
Sirve para que su causa no caiga en el olvido.
Me alegro por el acierto.
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